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UNA LARGA ESPERA, Hasta que nos volvimos a encontrar.

Hay momentos en la vida que te quitan el aliento. Momentos que quedan registrados en la mente, como una escena encapsulada. Hay momentos que no se olvidan, que nunca cambiarías. Momentos que te impiden seguir como solías, y que simplemente te cambian la vida.

Esos momentos los he vivido con él.

Hace veinte años lo conocí, tan inquieto y energético como hasta hoy. Tan lleno de chispa y ese humor que lo caracteriza hasta este día. Hace veinte años supe lo que significa sentir “mariposas en el estómago”, al ver a alguien especial. Y ese recuerdo, quedó en mi mente por muchos años más… hasta que nos volvimos a encontrar.

Cinco años después nos volvimos a ver. Cruzamos miradas, y algunas frases que por poco se convirtieron en conversación, pero no pasó así. Esas palabras, se quedaron en frases incompletas que repasé una y otra vez en mi mente… hasta que nos volvimos a encontrar.

Tres años después coincidimos una vez más. Esta vez supimos aprovechar esa oportunidad. Las miradas se convirtieron en palabras, palabras en frases y frases en conversaciones. Finalmente ese encuentro parecía el comienzo perfecto para una amistad. Pero nos volvimos a separar. Ahora memorizaba en mi mente esa conversación… hasta que nos volvimos a encontrar.

Dos semanas después nos volvimos a ver, y esta vez fue intencional. Ahora pudimos caminar juntos, mientras terminábamos esa conversación que dejamos incompleta. Esta vez fue diferente, los dos supimos que había algo especial a punto de suceder. Así que, comencé a orar cada noche, para ver si esta sería una historia que algún día podría contar. Una historia que comenzaba, pero debía seguir en pausa… hasta que nos volvimos a encontrar.

Pasaron seis meses, que parecieron años. En esta ocasión, me sorprendió por primera vez. Él viajó casi veinte horas para estar conmigo solamente cuatro. Llegó de sorpresa, y yo, temblé de nervios al verlo de lejos. Cuatro horas no fueron suficientes, después de tan larga espera para vernos otra vez. Pero él supo lograr que esas horas fueran perfectas e inolvidables. Y entonces, me seguía enamorando… hasta que nos volvimos a encontrar.

Otros seis meses pasaron, y una vez más nos encontramos. Esta vez fue diferente, por que ya no tendríamos que separarnos; ahora viviríamos en la misma ciudad. La emoción no cabía en mí, era como un sueño del que no me sentía preparada. Y así, comenzó una amistad en persona, un enamoramiento profundo y una convicción de que un día estaríamos juntos para siempre. Y el tiempo pasó… hasta que nos volvimos a encontrar.

Cuatro años después, nos volvimos a encontrar. En esta ocasión el lugar era especial. El día era hermoso y sin duda la compañía perfecta. Ese día nos volvimos a encontrar, en el altar. Hace siete años unimos nuestras vidas frente a Dios, con una iglesia llena de personas que amamos y sobre todo, con ese amor que creció gradualmente durante tantos años. Ese día nos encontramos, para ya no separarnos más. Ese día nuestro sueño se hizo realidad.

Hoy, después de siete años lo vuelvo a encontrar. Lo encuentro tan lleno de energía como aquel niño que corría sin parar. Lo encuentro con la misma intensidad con la que viajó tantas horas para solo verme un momento. Lo encuentro con la misma mirada profunda, y una voz quebrada diciendo “Acepto”. Hoy lo encuentro tan perfecto como el día en que lo conocí.

Veinte años han pasado desde que lo conocí, y mi anhelo hoy, es que Dios nos permita veinte años más, o cuarenta o sesenta.


Que no importa lo que pase en el trayecto, siempre nos volvamos a encontrar.



Al amor de mi vida: Raúl Israel.



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