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EL DÍA MÁS TRISTE DE MI VIDA, el más feliz para ellas.



Era un 6 de Agosto del 2014 por la tarde, en las montañas de Sacramento NM; lejos de la ciudad, del ruido y de las redes sociales. Un día en el que todo cambió dentro de mí y desde ese día no he conocido un dolor tan grande como el que sentí ese día.


Ese día yo conocí el dolor, un dolor real que se siente en el pecho, ese dolor que asfixia y que no te deja respirar. Un dolor que bloquea tu mente, tu condición física y todo tu corazón.

Ese día se rompió algo dentro de mí. Supe al instante que ya no sería la misma, pero debía ser fuerte para viajar a México y enfrentar esta horrible situación. Mi mente se bloqueó, mi cuerpo se paralizó, pero mi espíritu clamaba a Dios por fuerzas.


Ese día, las dos mujeres más importantes en mi vida, partieron a la presencia de Dios. Todo sucedió muy rápido, de una manera repentina, trágica y sin tiempo para despedirnos.

Ese día todo cambió.


Durante el funeral, agradecimos a Dios por la inmensa bendición que fue tenerlas. Con una iglesia llena, cantos de adoración y un sin fin de personas dándonos el pésame.

Y ahí estaba yo, entregando a Dios mi dolor.

Pasamos al entierro, y por deseo de mi mamá, todos vestimos de blanco. Por alguna razón, unos meses antes ella compartió ese deseo con nosotros. Pensamos que faltaban muchos años para eso, así que no le dimos mucha importancia. Pero lo recordamos esos días y cumplimos su deseo. Las palabras de mi mamá fueron: “Cuando muera, no quiero que estén tristes, por que yo voy a estar muy feliz. No se vistan de negro, por que yo no estaré vestida de negro, sino de blanco”.

Así que, ahí estábamos, cientos de personas vestidas de blanco y diciendo adiós a dos mujeres maravillosas, hermosas y de un gran corazón. 

Soltamos globos blancos al cielo, otro deseo de mi mamá; y dijimos adiós.


Ahí en el panteón, despidiéndonos de ellas y agradeciendo a Dios por los años que nos las prestó, algo extraño sucedió. Pude experimentar no solamente esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y que escuchamos a todos decir. En ese momento también pude sentir una felicidad inmensa, que no me permitía dejar de sonreír.


Cualquiera me llamaría loca, al saber las palabras que le dije a mi esposo: "No te enojes por lo que voy a decir, pero me siento incluso más feliz que el día de nuestra boda”. 

¿¡En serio Karen!? Estás enterrando a tu mamá y hermana, y aún así, ¿dices que es el día más feliz que hayas experimentado? Bueno, obviamente no era yo, ni mis emociones. Era Dios mismo quien me permitió sentir un poco de toda la felicidad y paz que ellas estaban sintiendo ahora. Sabía que no estaban en esas cajas siendo enterradas, sino que en realidad estaban más allá de ese cielo hermoso que Dios nos dejó ver ese día. Estaban felices, plenas, y disfrutando de su Creador; Aquel que las envío a este mundo con una misión, que supieron cumplir con gran amor. 


Entonces, aunque mi corazón estaba destrozado, Dios me permitió sentir un poco de esa felicidad y plenitud; para recordar siempre que, el día más triste para mí, era en realidad el día más feliz para ellas... EL PRIMER DÍA EN EL CIELO! El primer día de toda una eternidad, en la que muy pronto nos volveremos a encontrar.

Y con esta esperanza sigo adelante, cumpliendo con lo que Dios me pide que haga y esperando ese gran día donde pueda abrazar a mi Creador, y vivir esas promesas que Jesús nos dio antes de ascender al cielo; que donde Él esté, ahí estaremos también nosotros.

Espero también ese día reencontrarme con las dos mujeres más hermosas, que día a día recuerdo, a veces con lágrimas pero también con una sonrisa. Que puedan mostrarme todo lo hermoso que hay en ese lugar, con calles de oro y mar de cristal. Y que así mismo podamos juntas rendirnos a Dios, adorarle y escuchar su dulce voz.


Una de las cosas más difíciles en la Tierra, es decir Adiós a nuestros eres queridos. Cuando Jesús regresó al cielo, después de cumplir su ministerio y plan de salvación en la Tierra, su familia y amigos se quedaron sin palabras. Se quedaron anonadados al verlo ascender en las nubes, esa manifestación gloriosa que muy pocos experimentaron.


Pero también se quedaron con muchas preguntas en su mente. ¿Por qué tan pronto? ¿Ahora que haremos? ¿Por qué no se queda a enseñarnos más lecciones de vida? ¡Es muy pronto!

Por eso, Jesús les enseñó sobre esto antes de que regresara al cielo…


»No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo.

Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy». Juan 14:1-4


El Espíritu Santo, el Consolador, está en nosotros para recordarnos las palabras de Jesús: No temas, yo te ayudo.


“Aprendí a confiar que a través de la gracia de Dios, algo nuevo y hermoso surgiría  aún en mi debilidad, lágrimas, dolor y desesperanza”. “Aún las situaciones más tristes pueden convertirse (una vez que hagamos las paces con ellas) un recurso de sabiduría y fortaleza” Kenneth C. Haugk, Journying through grief.

“Primer Día en el Cielo”, si quieres vivirlo también, busca a Dios HOY y entrégale tu vida!





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