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La Silla Vacía en Navidad

Se llegó la Navidad. Todo está listo como siempre. Los regalos en el árbol, la comida en la estufa, el cambio de ropa nueva sobre la cama. Ya cantamos "Noche de Paz" con las velitas, y a lo lejos se empiezan a escuchar los primeros juegos pirotécnicos de la noche. Todo parece ser una Navidad normal. Sin embargo, hay algo diferente... hay una silla vacía. Bueno, en mi caso, hay dos.



Todos sabemos que en Navidad celebramos el nacimiento de Jesús. Realmente ese es el significado tan especial que debemos recordar. Así que no quiero ahondar mucho en ese tema hoy.


Hoy, Hoy solo quiero escribirle a aquellas personas que esta Navidad tendrán una o más sillas vacías en su hogar. Sillas vacías no por el hecho de que estamos lejos de familia, o que simplemente no podemos salir por el momento. Hablo de esas sillas donde hubiera estado alguien que ya no podrá estar más con nosotros. Esa persona o personas que ya dieron su último suspiro.


Es casi imposible no pensar en esas personas tan especiales que ya no estarán para cocinar con nosotros, abrir regalos, cantar himnos navideños y todas esas cosas que nos hacían sonreír en estas fechas.


Yo sé que Dios es nuestro gozo, nuestra paz y nuestro consuelo. Yo he experimentado su amor y su sanidad una y otra vez. Pero también sé que Dios conoce mi dolor.


Sé que Él entiende cuando mis ojos se llenan de lágrimas, al recordar esas escenas tan hermosas grabadas en mi memoria. Sé que Dios entiende cuando mi voz se quiebra al mencionar sus nombres, o cuando cocino sus recetas con un nudo en la garganta, incluso cuando voy de compras pensando en qué les hubiera comprado a ellas.

Creo que Dios entiende esa mezcla de emociones tan extraña al ver a mis hijos abrir sus regalos de Navidad. Cómo la felicidad de verlos a veces quiere opacarse por la tristeza de que ellas no estén presentes. Dios, y solamente Dios sabe mi sentir cuando mis hijos me preguntan ¿Dónde están? Dios y solamente Dios conoce ese profundo dolor al ver esas sillas vacías en fechas especiales.


Pues aún no está la palabra en mi lengua,

Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Salmo 139:4


Si esta Navidad tendrás en tu casa una, o más sillas vacías... No te sientas culpable de sentirte triste. No escondas tu dolor, ni lo disfraces con un gorro de Navidad.


La Biblia dice que hay tiempo de reír, y tiempo de llorar. Así que, si sientes que el nudo en tu garganta es más grande de lo que creías, que tus lágrimas ya necesitan un escape y tu corazón alivio... entonces llora. Llora con Dios y cuéntale tu dolor.

Jesús mismo lloró cuando era humano. Jesús lloró cuando murió su amigo Lázaro. Lloró al ver a sus hermanas destrozadas. Jesús también lloró.

Y ya que hayas llorado, deja que Dios llene tu corazón de paz. Que Él te de una nueva porción de gozo. Que su esperanza prevalezca en tu vida y puedas disfrutar de las bendiciones que aún tienes.


Ya que hayas llorado, disfruta a los que sí están presentes. Sigue con las tradiciones que hayas aprendido de esas personas que ya no están. Continúa disfrutando, sabiendo que Dios sabe cómo te sientes completamente.


Y sobre todo... que esta Navidad no se trate solamente de ver esas sillas vacías, sino de voltear al Trono de Gracia y recibir el consuelo de Dios.


Que las sillas vacías no te alejen de Dios... sino que te acerquen más y más a Él.


Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Isaías 9:6



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