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Entre la vida y la muerte

En estas últimas semanas he leído diferentes posturas sobre el tema de la muerte.

Algunas personas la veneran, otras la idolatran; algunos le temen y otros... otros huyen de ella.

Algunas tradiciones seculares incitan a la gente recordar aquellos que han partido antes de nosotros. Muchas personas suelen prender velas en su honor, recordarlos con alguna flor e incluso preparar alimentos que esa persona solía disfrutar.

Hay personas que "visitan"a su seres amados que están sepultados en algún cementerio, otros prefieren simplemente evitar ese lugar.

Muchas personas siguen estas tradiciones para sentirse cerca a sus seres queridos que ya no están, mientras otros prefieren evitar cualquier tema o tradición que involucre el recordarles.


Pero, ¿Qué nos dice la Biblia sobre ésto? ¿Cómo podemos recordar a nuestros seres queridos, sin realizar actos que vayan en contra de la verdad Bíblica?




En 1 de Tesalonisenses 4 encontramos unos versículos muy importantes en cuanto a este tema:


13 Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. 14 ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. 15 Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. 16 El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. 18 Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.


Primero, la instrucción es que no debemos ignorar lo que pasa con aquellos que ya "duermen", como lo dice éstos versículos en otras versiones. Dios quiere que tengamos paz en cuanto a nuestros seres amados que ya no están presentes. Nuestro sentir debe ser de gozo y esperanza, en lugar de luto y cenizas. Y debemos también animarnos unos a otros con estas palabras.


Dios es un Dios vivo, y nos llama a celebrar la vida en Él incluso después de la muerte. Como bien dijo Pablo:


"Porque para mí, el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil. 1:21)

Pero, ¿Qué pasa con aquellos que han partido antes que nosotros? ¿Qué pasará con nosotros cuando llegue la hora de partir?


Romanos 14 nos habla un poco sobre este tema, diciendo que no importa si vivimos, o morimos; somos del Señor. Dios es Señor tanto de los que han muerto, como de los que aún vivimos. Por ello debemos vivir para Él, poniendo nuestros ojos fijos en Él y sus promesas.


7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. 8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y, si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. 9 Para esto mismo murió Cristo y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven.


Y una de las preguntas más frecuentes: ¿Cómo podemos recordarles y honrar su legado sin caer en tradiciones contradictorias a la verdad Bíblica?


Dios mismos mencionó muchas veces a Abraham, Isaac y Jacob, tiempo después que ya habían muerto. Una y otra vez les recordó a su pueblo: “Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.


En mi opinión personal, es hermoso recordar a aquellas personas que ya han partido a la presencia de Dios. Recordar sus enseñanzas, sus logros, sus sonrisas. Sobre todo, si esas personas fueron importantes para nuestra vida y crecimiento espiritual.

Un ejemplo de esto es 2 de Timoteo 1:


3 Al recordarte de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia limpia como lo hicieron mis antepasados. 4 Y, al acordarme de tus lágrimas, anhelo verte para llenarme de alegría. 5 Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido. 6 Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. 7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.


Podemos continuar con el legado que han dejado nuestros antepasados, recordarlos con gozo y vivir en la esperanza de que un día todos seremos parte de esa multitud en el cielo, adorando al único y verdadero Dios. Esa multitud que se unirá con el ejército del cielo para alabar al único Rey.


13 Entonces uno de los ancianos me preguntó:

—Esos que están vestidos de blanco, ¿quiénes son, y de dónde vienen?

14 —Eso usted lo sabe, mi señor —respondí.

Él me dijo:

—Aquellos son los que están saliendo de la gran tribulación; han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios, y día y noche le sirven en su templo; y el que está sentado en el trono les dará refugio en su santuario.[a] 16 Ya no sufrirán hambre ni sed. No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador. 17 Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos. Apocalipsis 7


Dios mismo enjugará nuestras lágrimas, nos dará descanso y nos pastoreará. Esta esperanza tenemos en Él, y ésta promesa debemos recordar.


Entonces, ¿Cuál debe ser nuestra postura ante el tema de la muerte?

  1. Entender que la muerte no es el fin de nuestro existir.

  2. Reconocer que Dios es eterno, y nos ofrece Vida Eterna.

  3. Recordar a nuestros seres amados con gozo y esperanza.


Que el Dios de toda consolación siga sanando y restaurando cada corazón que hoy está en duelo. Que el Espíritu Santo traiga un manto de alegría y óleo en lugar de cenizas.






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