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Emanuel

Comenzamos con la temporada de Adviento. Una temporada llena de luces, reuniones, regalos, y comidas extravagantes. Comenzamos una temporada donde los hogares, iglesias, escuelas, y muchos otros lugares se adornan con un "espíritu navideño", para celebrar el nacimiento de Jesús. Comenzamos también una temporada donde las personas tienen más prisa, las filas en las tiendas son cada vez más largas y pareciera que la paciencia en los conductores está por agotarse.


Es por ello que hoy quiero recordarte, aunque suene cliché, el verdadero significado de este tiempo de Adviento. Un tiempo de esperar, de meditar y de recordar el gran regalo de Dios para toda la humanidad... Jesús, Emanuel, Dios con nosotros.



Una de las palabras que más se menciona en la temporada de Adviento es la Esperanza, la cual no sería posible experimentar sin un Salvador en nuestras vidas. Sabemos que nuestro recorrido en la tierra no será siempre fácil y placentero. Pero podemos tener la certeza de que Dios está con nosotros, sin importar la situación en la que nos encontremos.


Cuando estuve en peligro de aborto en mi tercer embarazo, estuve a muy poco de perder la esperanza. Los doctores no podían encontrar el latido de mi bebé, había perdido mucha sangre y el silencio sepulcral de cada enfermera que entraba al cuarto me indicaban que algo estaba muy mal. Finalmente el doctor nos dijo a mi esposo y a mí que lo más probable es que estaba experimentando un aborto espontáneo, y me pidieron que regresara a casa a esperar a que el bebé terminara de ser expulsado. Las siguientes horas fueron completamente oscuras. Un silencio denso llenó nuestro hogar. Nadie se atrevía a decir una palabra. Solo debíamos esperar mientras nos inundabamos en la incertidumbre.

A la mañana siguiente volvimos al hospital. Nuevamente las enfermeras (que normalmente eran muy alegres en cada visita) nos recibieron con un silencio espantoso, en un cuarto oscuro y un aparato para tratar de detectar un latido de corazón, en caso que lo hubiera. Pero, ¡nada! No encontraron nada. Una vez más, vino otra doctora con otro aparato en busca de una pequeña luz de esperanza. Y finalmente el silencio se rompió. Ella sonrió, y le pidió a mi esposo que se acercara para mostrarnos ese pequeño latido que había estado escondido. En un instante la esperanza volvió. Aunque aún faltaban varios meses para conocer a nuestro bebé y ver el milagro final, esa luz de esperanza nos mantuvo firmes en el tiempo de espera.


Ese mismo sentimiento debemos tener durante este tiempo de Adviento. Un tiempo en el que recordamos que Dios está con nosotros. Que Jesús fue enviado para romper con la oscuridad, el temor y la condenación. Jesús vino para darnos vida, para llenarnos de esperanza y darnos vida eterna. Ese pequeño latido en el vientre de María sería la respuesta a tantos corazones rotos en el mundo entero.


Así que, si estás pasando por alguna situación complicada, te invito a que tomes un momento para meditar en la Esperanza que tenemos en Emanuel. Dios con nosotros hasta el fin del mundo.


"Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero, si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia." Romanos 8:24-25

Eso que no vemos, eso que anhelamos, eso que nuestro corazón desea... Dios lo conoce. Hoy podemos decirle a nuestra alma:

"¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?

Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío."

Salmo 42:5


En este tiempo de Adviento recuerda que en medio de cualquier dolor, circunstancia o soledad... Dios está contigo.




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