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EL EJEMPLO DE PAPÁ QUE ME CAMBIÓ LA VIDA


Hay recuerdos que quedan grabados en el corazón, que recordamos como si no hubiera pasado el tiempo. Hay imágenes que simplemente quedan registradas en la mente para siempre.

Esos recuerdos los tengo yo de mi papá. Recuerdo haber viajado con él en ocasiones, siendo yo muy pequeña. Recuerdo viajar en autobús y llegar al lugar que él llamaba hogar. Recuerdo nuestro recorrido en bicicleta para comprar pan caliente, muy temprano en la mañana. Recuerdo caminar con él de la mano, buscando el carrito de camote horneado, o de elotes asados, o casi cualquier antojo que yo tuviera en ese momento. Con él aprendí tantas lecciones importantes, a través de ejemplos sencillos de la vida.

De mi papá he guardado recuerdos de tranquilidad, de diversión y también de mucho aprendizaje. Recuerdo cuando me enseñó a manejar, bien agarrado de su asiento; diciendo una y otra vez: ¡Ay Mija!, ¡Ay Mija!

Tengo en mi mente su cara de emoción, cada que me motivaba junto con mis hermanos a descubrir nuestros talentos. Fue él quien nos inscribió a clases de natación, basketball, artes, música, y muchas cosas más. Y aunque, ninguno de nosotros logramos destacar en ninguna de esas áreas, su cara de emoción nunca cesó.

De mi papá aprendí la paz. Aprendí que no importa cuántas ocupaciones o preocupaciones tengamos; siempre podemos estar tranquilos y confiar en Dios.

Con mi papá aprendí a hacer cosas muy peculiares, como pelar nopales, cocinar huevos tibios, andar en la bicicleta, jugar juegos de mesa.

De él aprendí a predicar de corazón, a amar a todas las personas, y a escribir… de él aprendí a escribir.

El ejemplo de mi papá me cambió la vida. De él aprendí que no importa cómo haya sido el pasado, todos tenemos la oportunidad de construir un futuro mejor, con la ayuda de Dios. De él aprendí que los lugares altos no debemos codiciar, y que el estar con la gente es lo que realmente transforma vidas.




Muchas cosas he aprendido del hombre que llamo con orgullo, Papá. Pero sin duda, hay algo que cambió mi vida para siempre. Una escena que nunca olvidaré. En esa escena vi no solo al hombre puedo llamar, papá. En esa escena vi a un hombre temeroso de Dios, entregado y dedicado a vivir por Él, sin importar las circunstancias.

Hay recuerdos que quedan grabados en el corazón, y gracias a Dios, yo tengo muchos con mi papá. Pero entre todos ellos hay uno, un recuerdo que me cambió la vida para siempre.

Era un 8 de Agosto del 2014, muy temprano en la mañana. Desperté al escuchar un llanto a lo lejos. Ese hombre, que solamente había visto llorar por ataques de risa, ahora lloraba de tristeza y desesperación. Escuchaba a lo lejos ese dolor que sale de lo más profundo del corazón. Escuchaba a un esposo y papá que se acabó las lágrimas de tanto dolor.

Me levanté, y lo busqué. Lo busqué por cada cuarto de esa grande y fría casa, aún con cajas de mudanza, y los últimos recuerdos palpables de las dos mujeres que más amamos. Así que lo busqué, lo busqué hasta encontrarlo. Y fue ahí donde lo encontré, en una sala oscura, y postrado en el suelo. Y de pronto esa imagen llegó a mi mente para quedarse, por que ese hombre completamente destrozado, estaba postrado, estaba llorando; pero sobre todo: estaba orando. Ese hombre que orgullosamente llamo papá, pedía a Dios las fuerzas para continuar. En su oración no había quejas, sino solamente un: “Ayúdanos Señor”.

Después me senté en el sillón, él se sentó junto a mi y me abrazó. Lloramos juntos y me relató por primera y única vez los detalles de la tragedia que cambió nuestra familia para siempre. Me contó los últimos momento de mi mamá y hermana que yo no pude presenciar. Y a pesar del dolor, pudimos sonreír cuando me dijo la frase que tanto anhelaba escuchar: “Se fueron felices. Estaban muy felices”.

Tres días después, relató el suceso detrás del púlpito. Su primer sermón en esa nueva iglesia donde mi mamá se congregó de joven. Y después de su relato, secándose las lágrimas con su pañuelo, le dijo a la congregación: “Seguiremos sirviendo a nuestro Dios. Estoy para servirles”.

Y así es como el ejemplo de papá me cambió la vida. Si él decidió seguir sirviendo a Dios a pesar de tanto dolor, entonces mi hermano y yo haríamos lo mismo. Por que el servicio a Dios no es condicional a las circunstancias. El amor a Dios debe ser sin condición, así como Él nos ama.

Ejemplos de papá que cambian la vida. Para bien, o para mal. ¡Que afortunada soy de que el mío haya sido para bien!

Te amo papá.

En honor a los papás que ejercen una paternidad inigualable. Los que no se conforman con solamente compartir su ADN, si no un ejemplo admirable que cambia la vida de sus hijos e hijas.



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